NOTA.
Es recomendable leerse primero el post:
- Todo esto es muy raro.
Hacía varias horas que las chicas se fueron y todavía no habían dado señales de ningún tipo. También hacía un buen rato que Doc y yo salimos del holograma y estábamos tranquilamente sentados en aquel muelle. Mejor dicho, yo estaba absorto mirando el techo (por puro aburrimiento) mientras que mi docto compañero se entretenía con alguno de sus juguetes, como a él le gustaba llamarlos.
El aburrimiento me estaba matando por momentos. Daba vueltas en el hangar mientras pensaba que podía hacer para que el tiempo pasara más deprisa. Se me ocurrió echar un vistazo a todos los objetos y herramientas que había repartidos por el hangar pero como todo estaba impoluto y ordenado, me daba vergüenza cotillear aquellos instrumentos y piezas, no fuera que activase algún dispositivo sin querer y tuviéramos que salir corriendo de allí. Por otro lado, R6 seguía cerca de Doc como su fiel amigo, no podía saber si lo estaba observando o esperaba órdenes para trabajar.
De vez en cuando, mi curiosidad podía con mi fuerza de voluntad, me acercaba a Doc y observaba, aunque no entendiera nada, que hacía con todos aquellos artilugios. Había momentos en que debía contener mi risa por las muecas que él mostraba, otras por los golpes que propinaba al objeto que estaba manipulando y otras, sencillamente por el rostro de desilusión que decía que algo había hecho mal para que no funcionase. Al instante lanzaba al suelo el aparato para seguidamente coger otro y empezar de nuevo.
A veces pensaba que esos rostros burlones los hacía expresamente para que yo me entretuviera durante esas horas en que Anaïs y Vera estaban fuera. Otras, me hacía dudar en cómo una especie tan evolucionada podía parecerse tan a nosotros. Quiero decir que podían perfectamente pasar por humano. Pensándolo un poco, era posible que nos hubieran estudiado para desenvolverse como otra persona más sin llamar la atención. Incluso a mi me tienen confundido, sólo recordar la primera vez que vi a Anaïs…
Entonces fue cuando tanto Doc como yo oímos un ruido de fondo, como si fuera un petardo a mucha distancia. Recordé que no eran fechas para celebrar ninguna festividad, ni tan siquiera un partido de fútbol, por lo tanto no le di más importancia. Me volví para continuar observando los gestos de Doc y lo que tramaba con aquello que lo mantenía concentrado. Algunas veces recogía el objeto que tiró al suelo con anterioridad y le extraía las piezas que necesitaba para ponérselas al nuevo diseño; supongo que no le gustaba tener el diseño obsoleto en su mesa, dado que siempre que lo recogía volvía a tirar al suelo. No podía evitar reír pensando en cómo trataba sus propios diseños. O sabía perfectamente que las piezas eran resistentes o no le importaba en absoluto. Sea como fuere, cuando más tiempo pasaba con él, más firmemente creía que estaba loco. Por no decir que si diseñó a R6 de la misma manera, no me extrañaría que en cualquier momento tuviera un cortocircuito, o un chispazo y cayera frito al suelo.
A continuación abrí los ojos, lo primero que vi era una pared blanca, tardé un buen rato en ubicarme y saber que estaba tumbado, por no decir que no entendía nada. Lo que recordaba era que estaba en el muelle con Doc y ahora aquí rodeado de paredes blancas y con un ligero mareo. Ese mareo se incrementó al incorporarme, sentándome en el borde de aquella especie de cubo también de color blanco. Puse mis manos en mi cabeza y apoyé los codos en mis rodillas como si pudiera sujetarme el cerebro y así dejara de darme vueltas. Que ingenuo.
- Daniel, al fin despierto – dijo una voz familiar. Volví la cabeza en dirección a la voz y descubrí que Doc también estaba allí, sentado en un cubo idéntico al mío con su espalda y cabeza apoyada en la pared mientras miraba al techo.
- Doc, no entiendo nada. ¿Dónde estamos? ¿Es este uno de tus hologramas? – moví mi cabeza observando el lugar, mientras el mareo no cesaba, e intentando averiguar dónde estábamos.
Era una sala de unos diez por diez metros, todas y cada una de las paredes blancas exceptuando una, la que tenía enfrente de mí. No había pared y daba la impresión de ser un pasillo perpendicular a la sala dónde estábamos o quizás era otra sala, no estaba muy seguro. Y a parte de los cubos dónde estábamos sentados, que daba la impresión de ser literas, no había nada más.
- Lamentablemente no, nos han capturado y la verdad es que no estoy muy seguro de cómo lo han hecho. – suspiró – Y no te aconsejo acercarte a la entrada de esta sala, lo hice antes y recibí una descarga que me dejó atontado y tirado en el suelo durante un buen rato.
- ¿Tienes idea de quién nos ha capturado?
- Los humanos seguro que no, no disponen de tal tecnología no letal. Y sabiendo el pasado de Vera y Anaïs… – Doc volvió a suspirar – no dudaría que esta maniobra fuera de los Anis.
- Entonces, ¿qué podemos hacer? – pregunté mientras mi corazón latía cada vez con más celeridad.
- Llorar como un par de niños asustados o como un par de nenazas. Creo que es así como los humanos os gusta expresaros.
Estuve mirando a Doc no sé cuánto tiempo, en cierta manera de manera confusa, pero lo que podía asegurar era que los de su raza se lo tomaban todo a cachondeo. Me miraba con esa sonrisa burlona en su rostro, esa expresión facial que me enervaba hasta tal extremo que iba a explotar de rabia y darle un puñetazo en la boca para borrarle su estúpida sonrisa. No obstante preferí tomar otra opción.
- Menudo capullo estás hecho. Tus bromas y tu sonrisa estúpida no nos ayudarán en la situación que nos encontramos que, por si no quieres darte cuenta, estamos encerrados.
- ¡Ah Daniel! Sois una especie joven, todavía hay mucho por aprender. Vosotros tenéis una expresión que dice así: “La paciencia es una virtud”. Estamos vivos, eso significa que todavía nos necesitan, por lo tanto tenemos una oportunidad para salir de aquí. Es más, deberías aprender a disfrutar de los placeres de la vida. ¡Tenemos alojamiento gratis! Aunque no sabemos a qué hora servirán los aperitivos. – A continuación Doc miró la entrada de la celda como si quisiera acercarse y preguntárselo a alguien.
Cada vez que hablaba con él entendía menos la situación, mi vida se volvía un infierno a medida que pasaban las horas y a él sólo le preocupaba su estómago. Bajé la vista al suelo y suspiré, apreté mis manos contra el borde de la cama con todas mis fuerzas creyendo que así ahogaría mi rabia y frustración.
Maldita Anaïs colándose en mi piso en plena noche. ¡Oh! Mi piso. La puerta destrozada y mi comedor lleno de esa pasta viscosa y blanquecina; si salimos de esta seguro que voy a ser el pringado de turno que lo limpiará todo. Y arreglar la puerta costará un dineral. Sin pensar en los ladrones que hayan podido entrar y robarme lo poco que tengo.
Hay días en que es mejor no levantarse de la cama.